sábado, 23 de mayo de 2009

Por una nariz


Hace 25 años, un jueves 24 de mayo, un grupo de estudiantes se puso de acuerdo en concretar un sueño… Bueno, tal vez no haya sido realmente algo tan sublime como un sueño o un ideal, nada tan romántico como el juramento en el Monte Sacro, pero lo cierto es que ese día esos jóvenes decidieron que el grupo de aficionados a la ciencia ficción que ellos conformaban de facto debía tener un nombre, y el nombre escogido fue UBIK.

De aquella fecha recuerdo… Bueno, más bien me contaron, porque no crean que soy uno de esos ancianos venerables —miembros fundadores actualmente con debilidad prostática— a los que se les puede endilgar toda la culpa de haber perpetrado el crimen contra la querida Universidad Simón Bolívar de haber urdido algo como UBIK.

Como les estaba contando, aquel 24 de mayo estábamos reunidos en un salón de Básico II (hace ya cierto tiempo rebautizado como Ciencias Básicas II) y discutíamos animadamente sobre el nombre que debía tener nuestra asociación. Era la guinda para el pastel (y no digo torta para no remarcar el eufemismo), porque todos ya habíamos acordado que nuestro grupo iba a realizar ingentes esfuerzos para fastidiar a toda la comunidad universitaria con la idea de que la ciencia ficción era lo máximo, que si aún no habían leído ciencia ficción sólo habían apreciado la mitad de la mitad del último percentil de la literatura.

Así que ya todos nosotros, jóvenes imberbes, teníamos la idea fija e irremediablemente enclaustrada en nuestras neuronas de que íbamos a llevar a la ciencia ficción a donde jamás había llegado ninguna corriente literaria. Sólo faltaba el término, la palabrita, que nos permitiría identificarnos, que nos permitiría organizar concursos literarios, diagramar revistas, filmar videos y animación “stop motion”, reunirnos todos los viernes por la tarde a hablar de cualquier cosa y planear extravagancias, escribir cuentos, montar servicios electrónicos de información (porque si los llamo BBS se me cae la cédula) y armar páginas webs. Todo con la loca idea en la mente de divulgar la ciencia ficción entre el resto de los mortales, quitarle el ropaje de literatura de segunda a un movimiento cultural que irremisiblemente lo permea todo en este nuevo siglo.

Quizás fueron metas ambiciosas, lo más seguro es que fueron objetivos de lunáticos, de trasnochados que vagabundeaban por las veredas de la Simón, a altas horas de la madrugada, pegando propagandas —el concurso literario, Cygnus, la Gaceta de UBIK, ciclos de cine— y silbando la melodía del puente sobre el río Kwai. Tal vez fueron locuras lo que hizo aquella primera generación de muchachos extraviados, hechos que me contaron o que yo descubrí relatados en un antiguo manuscrito hallado bajo los detritus de la poceta de King Kong, porque yo ni sollado pude haber estado con esa primera generación. Lo cierto es que aquello que empezó hace 25 años continúa hoy. Aquello que iniciamos un grupo de aficionados insomnes se prolongó mucho más allá de la duración natural de la vida de una generación de estudiantes de la USB (¡y dígame que algunas de esas vidas son bastante longevas!).

En 1992 llegué a mi muerte natural de miembro de UBIK. No fue nada traumático, seguí asistiendo esporádicamente a una que otra reunión, participando en algunas pocas actividades y la vida en UBIK se me diluyó hasta la extinción definitiva en 1996, cuando ni el postgrado me salvó de la desaparición absoluta. Otra vez, tampoco fue un trauma, al año siguiente monté una página web en Internet para seguir con el vicio de UBIK y la ciencia ficción.

Lo importante siguió ocurriendo en la USB: generación, tras generación, tras generación de estudiantes, de jóvenes amantes de la ciencia ficción que han permanecido fieles a la locura de querer divulgar ese género entre los mortales, con la esperanza de que alguno de esos incrédulos pueda ver la luz de la salvación y amén.

Cada nueva generación ha tenido el buen gusto de desviarse del camino original, la increíble espontaneidad de forjar sus propios destinos y tener sus propias visiones de lo que es UBIK y cómo llegarle al gran objetivo secreto y desconocido por los no iniciados que es el de divulgar la ciencia ficción en el mayor número de entes pensantes o aparentemente pensantes que se encuentren en el campus universitario (y si es posible fuera de éste, mejor). Gracias a ello cada generación ha sabido mantener viva la llamita microscópica que le infunde energía a UBIK. Gracias a todas esas generaciones hoy puedo importunarlos con estas divagaciones y este recuerdo: El 24 de mayo, en un salón del edificio de Ciencias Básicas II, un grupo de estudiantes escogimos en votación popular un nombre entre los varios candidatos escritos con el trazo borroso de la tiza sobre un pizarrón manchado de blanco. Ese día UBIK ganó por una nariz.

 Jorge de Abreu
23 de mayo de 2009

3 comentarios:

Juan RRR dijo...

¿Cuales eran los otros candidatos? Es que nunca entendí eso de escoger una obra de un escritor algo deficiente como PKD

Jorge De Abreu dijo...

El que se le quedó a nivel de las fosas nasales fue Trántor... Cómo ves no era que hubiera mucha competencia ;)
De hecho se pensó en algún momento de la reunión crear una mascota y llamarla Ubik Trántor :P
Aunque la idea atractiva de Ubik radica en su ubicuidad...

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